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Historia
Difícil será olvidar aquella mañana de septiembre de 1985 cuando las fuerzas de la naturaleza nos hicieron sentir nuestra pequeñez e indefensión. Aún no cierran las cicatrices de la tragedia pero en el corazón de todos los mexicanos vive aun el hermoso ejemplo de solidaridad naciomnal. Esa mañana inició otro capítulo en la historia del Club Primera Plana.
Dos años después de su constitución formal en 1959, nuestra querida organización cobró vida legal y sus fundadores se dieron a la tarea de encontrar un local ad hoc como domicilio social; lo hallaron en un edificio de la esquina de las calles de Doctor Mora y Colón, a un costado de la Alameda Central.
Inicialmente el presidente del Club era designado antes de las comidas mensuales que compartían los socios fundadores y algunos invitados con personalidades del gobierno, la iniciativa privada y aun de los sectores religiosos. El elegido fungía como moderador de ese convivio y a la vez representaba a la organización durante 30 días.
El primer presidente, como tal, lo fue don Antonio Alvarez Pulido, periodista de larga trayectoria, que aunque no fue socio fundador le tocó darle vida institucional a la naciente organización.
En ese local, pequeño, de Doctor Mora y Colón vivió el Club Primera Plana sus primeros años hasta que al finalizar la década de los 60 sus dirigentes concertaron un convenio con el hotel Del Prado, en la avenida Juárez, que en aquel entonces era propiedad del gobierno.
Este arreglo es digno de ser puesto en letras de molde por constituir una de las páginas mas emotivas de la historia del Club: a cambio de que todos los consumos de alimentos y bebidas de la agrupación se hicieran en el hotel, éste nos daba en arrendamiento, por mil pesos mensuales, un espacioso salón.
Ese salón se encontraba en el lobby del hotel a mano derecha del mostrador de recepción, entre una tienda de artesanías y el salón de belleza, a 20 pasos del grandioso mural “Un Domingo en la Alameda”, del gran muralista Diego Rivera.
La primera tarea que tocó a los periodistas directivos de esa época era amueblar su flamante sede. Lógicamente para una naciente organización civil los recursos eran mas que limitados. Fue el entonces presidente Luis Echeverría, en una visita que hizo a las instalaciones del Club, quien ofreció los tan necesarios muebles. El ofrecimiento se cumplió vía la paraestatal Fomento Nacional para las Artesanías, que se encontraba en la calle de Versalles.
Así, el Club quedó vestido a la moda de ese sexenio: equipales, mesas con patas forradas de bejuco, una barra y bancas de características mexicanas, cuadros representativos de nuestra esencia nacional y una gran alfombra, de pared a pared, confeccionada en yute.
En el hotel Del Prado, tan lleno de recuerdos para los noctámbulos y amantes de la gastronomía, surgió el primer estatuto que rigió al Club Primera Plana durante cerca de 20 años. Una comisión nombrada ex profeso y que encabezó el entonces asociado, Fernando Solana Morales, quien fuera luego secretario de Educación y de Relaciones Exteriores, redactó el clausulado aprobado posteriormente en asamblea general.
(En los años 1995 y 2007 dichas normas fueron actualizadas, también por mandato de asamblea general, con lo que se abrieron las puertas del Club a los comunicadores de los nacientes medios cibernéticos, ya que anteriormente se habían aceptado a periodistas de radio y televisión. Los nuevos estatutos, a la vez, permitieron la distensión de las rígidas normas iniciales que imprimían un sello elitista a la organización.) Por cierto, durante la visita hecha por Luis Echeverría Alvarez a nuestras instalaciones el entonces presidente, Héctor Chávez Guzmán, le propuso la creación de un premio nacional de periodismo mismo que posteriormente se instituyó y se entregó hasta las postrimerías del régimen de Ernesto Zedillo.
Los periódicos de la época, pocos por cierto, pusieron su granito de arena en la decoración de las nueva sede del Club en el hotel Del Prado y donaron las primeras planas del primer número de su publicación, lo que además de servir de ornato constituían una lección de historia para los asistentes al local.
Después de Echeverría, el segundo presidente que visitó esas instalaciones fue José López Portillo a quien le fue entregada una grabación sintetizada de su libro Don Q, que se había convertido, de la noche a la mañana, en un verdadero best seller.
Miguel de la Madrid no fue al Club como presidente, pero sí como secretario de Programación y Presupuesto. Y en una de las varias comidas a las que asistía, acompañado casi siempre de su subsecretario Carlos Salinas de Gortari, los asociados lo destaparon como candidato a la Presidencia de la República.
La capucha con la que se cubrió e hizo su entrada el ex presidente del Club, Víctor García Solis, para darle el toque festivo a una comida en la que estaba De la Madrid lo que, por cierto, provocó el sobresalto de los invitados, la conserva aún el ex mandatario en su residencia de Coyoacán; inicialmente se negó a recibirla, pero le fue entregada en ese mismo acto a Miguel González Avelar, quien fuera líder de la Cámara de Senadores y secretario de Educación.
Ya como presidente, don Miguel invitó a los socios del Club a comidas y desayunos en Los Pinos. En el período de Salinas de Gortari los asociados del Club fueron invitados a reunirse con él, en Los Pinos. Ernesto Zedillo comió con los asociados, en una sola ocasión, pero como secretario de Programación y Presupuesto. El convivio fue en el restaurante Prendes de la calle 16 de Septiembre.
Por su parte Vicente Fox desayunó con los miembros del Club, en el hotel Imperial del Paseo de la Reforma, siendo gobernador del Estado de Guanajuato y destapado precandidato del Partido Acción Nacional a la Presidencia de la República.
Independientemente, por las instalaciones del Club, en el hotel Del Prado, desfilaron grandes personalidades de nuestro mundo político, empresarial y social y allí eran recibidas las delegaciones de periodistas extranjeros que llegaban al país conforme a los convenios que el Club había firmado.
En una ocasión, horas antes del arribo de una delegación de periodistas rumanos a las oficinas del Club, se había citado en el lugar a Renato Leduc -poeta por decreto presidencial como él se calificaba- para pagarle las regalías de su libro de poesías que había editado la editorial de la organización. Al recibir su cheque, Renato confesó que esa era la primera vez que recibía tanto dinero por algo que había escrito.
Al llegar la delegación rumana y hechas las presentaciones, Renato la saludó en francés y posteriormente pronunció un discurso en el mismo idioma en la comida que le fue ofrecida a nuestros visitantes en un restaurante cercano.
Fueron mas de 15 años en que el hotel del Prado fue la sede del Club y en ese lapso se firmaron convenios de intercambio con las asociaciones de periodistas de China, Rumania y la extinta URSS; se habían hecho visitas a los colegas de Cuba y Alemania (occidental) y recibido a periodistas de España y Guatemala. Se estaba en tratos para un acuerdo similar con los colegas de Venezuela, hasta aquella mañana de septiembre de 1985.
Aún cuando el hotel Del Prado no se derrumbó como su competidor de la acera de enfrente, el Regis, sí resintió serios daños por lo que fue necesaria su evacuación. La zona fue una de las mas afectadas ya que se desplomaron el Regis, la secretaría de Marina, el Conalep, el Romano y resultaron seriamente dañados los también hoteles Alameda y Bamer, los cines Alameda y Variedades y el edificio San Antonio, cuya cafetería de la planta baja, el Tibet Hams fue sitio obligado de encuentro de muchos periodistas.
Las instalaciones del Club quedaron inundadas pues se partió la alberca del Prado que se encontraba en los pisos superiores y el agua llegó a la planta baja; se perdieron muebles, cuadros, documentos, pinturas y, lo mas valioso, una biblioteca que se fue integrando con el paso de los años y que ya tenía cerca de dos mil volúmenes, entre los que se encontraban ediciones ahora agotadas.
Concluía la presidencia de Eugenio Múzquiz Oréndain, desaparecido maestro de periodistas, quien inició un peregrinar en busca de una nueva sede. Salió en respuesta a sus peticiones el colega José Luis Becerra al ofrecerles unas oficinas en el edificio de la Agencia Mexicana de Información, en las calles de la avenida Cuauhtémoc.
En ese local se llevó a cabo, en marzo de 1986, la asamblea anual ordinaria en la que resultó electo por aclamación el periodista Raúl Durán Cárdenas, quien ha sido el único presidente que rindió protesta en una sede no propia de la organización.
La sede del Club estuvo pocos meses mas en ese lugar hasta que pasó a ocupar el segundo piso del hermoso edificio de las calles de Barcelona, que en aquel entonces eran oficinas de la revista Tiempo, bajo la dirección de Víctor García Solis. Curiosamente esa casa es ahora la subsecretaría de Gobernación encargada de fijar a los medios de comunicación pautas y normas en materia publicitaria.
Impelidos por la necesidad de contar con unas oficinas propias, los nuevos directivos de la organización gremial se entrevistaron en Los Pinos con el presidente Miguel de la Madrid para informarle de la situación angustiosa del Club; don Miguel, en el acto, dio instrucciones a Manuel Alonso Muñoz, su director de Comunicación, para que apoyara dichas gestiones en las que participó también Manuel Camacho Solís, secretario de Desarrollo Urbano en ese sexenio y un profesionista de singular importancia y mayor valía: el arquitecto Sergio Saldívar.
Este destacado profesionista, quien salvó del hundimiento a la Catedral Metropolitana, revisó los archivos de las propiedades gubernamentales y al encontrar una casa en las calles de Humboldt número 5 invitó a la dirigencia del Club a visitarla. La primera impresión que recibieron los periodistas fue de decepción al ver un edificio totalmente en ruinas en una calle peatonal invadida de vendedores ambulantes y dormitorio de niños de la calle. Sin embargo la necesidad de tener donde vivir motivó a los asociados a aceptar el lugar, siempre y cuando se demoliera la construcción y levantara otra de acuerdo a las necesidades de la agrupación.
El arquitecto Saldivar, a esta petición, sonrió y dijo que iba a reconstruir la casa totalmente. Como no existían planos originales se basó en fotos de la época e hizo un trabajo en verdad extraordinario: la casa del Club se yergue majestuosamente en el entorno urbano ahora frente a un jardín, al que se le puso por nombre Plaza de la Información.
La casa del Club Primera Plana, que abarcaba de la avenida Hidalgo a la calle de Basilio Badillo y por la parte trasera hasta el callejón de Sombrereros fue inicialmente, según asientan testimonios oficiales, el Ministerio de Fomento del gobierno de Porfirio Díaz. Con el movimiento revolucionario de 1910 el edificio quedó abandonado hasta que un particular lo convirtió en hotel cerrado años después por cuestiones económicas. Luego se convirtió en casa de huéspedes para terminar siendo un prostíbulo, también cerrado, pero por violaciones al bando del orden y buenas costumbres.
Esta casa fue la que encontró el arquitecto Saldívar; la reconstruyó, incluso con las maderas originales de la manzarda, misma que inauguró el presidente De La Madrid, en septiembre de 1987, a dos años justos de los trágicos terremotos.
En los años que han corrido desde esa fecha, el Club ha engrandecido su historia y ha agregado nuevas anécdotas a su existencia.
El Club Primera Plana es ahora una institución respetada y respetable; su casa ya no es el edificio que entregó Miguel de la Madrid. Sus limitaciones de espacio han sido vencidas y tiene ahora un salón de usos múltiples con capacidad suficiente para sus sesiones y comidas, ahora semanales.
En este lapso el club ha tomado también nuevos perfiles nacionales e internacionales. En 2002 el entonces presidente del Club, Teodoro Rentería Arróyave convocó, a nombre de la organización, al Primer Congreso Nacional de Organizaciones Periodísticas que se transformó en constituyente de la Federación Nacional de Asociaciones de Periodistas Mexicanos en el cual el mencionado colega fue electo presidente primigenio. Ahora el Club Primera Plana es miembro fundador de la Fapermex y en el IX Congreso de la Federación Latinoamericana de Periodistas, efectuado en Pátzcuaro, Michoacán, en octubre del 2003, fue reconocido como miembro de pleno derecho de esa agrupación continental.
Es de mencionarse que en este edificio de las calles de Humboltd se instituyeron las comidas semanales a las que asiste regularmente un invitado de honor quien es interrogado sobre los quehaceres de su actividad y de hechos del momento. Hasta antes de las modificaciones a los reglamentos del Club Primera Plana no podía publicarse nada lo que el invitado dijera. Se ha roto esa llamada regla de oro y ahora los asociados y periodistas invitados pueden escribir o comentar por radio y televisión las informaciones así originadas, salvo petición en contrario.
En esas comidas, que enmarca la galería de presidentes, constantemente se recuerda a los periodistas de la vieja guardia; siempre están presentes en la memoria de los socios los nombres de Víctor Velarde, Daniel Cadena Z., Alfonso Argudín, Rogelio Rivera, del caballeroso Miguel Castro Ruiz, de don Federico Barrera Fuentes y su hermano Luis, quienes tienen un capítulo aparte en la historia del periodismo, Ricardo Pinelo Río, Juan de Dios Pérez Galaz.
Siempre se evoca la sapiencia de Arturo Sotomayor, la chispa crítica de don Luis Vega y Monroy, la bonhomía de Bertita Hidalgo de Gilabert, la primera mujer en un club de hombres, a Miguel Tomassini, y a tantos y tantos mas periodistas, unos vivos y otros desaparecidos.
El Club ha cumplido ya 48 años de existencia y aún se mantienen vivas los ejemplos de periodistas como Renato Leduc, Agustín Franco Aguilar, Carlos Loret de Mola, Miguel Alemán Velasco, Jacobo Zabludowsky, Ricardo del Río y otros colegas que escribieron, en su tiempo, la historia de México.
Las casi cinco décadas de la existencia del Club Primera Plana han sido fructíferas en cuanto se refiere a la dignificación de la actividad. En 1992 instituyó el reconocimiento a periodistas en activo con 25 o mas años de ejercicio profesional, por quinquenio cumplido; estos reconocimiento se entregan en el marco de la Comida de la Unidad Periodística a la que asisten colegas de todo el país.
Dentro de este marco ha otorgado reconocimientos a decanos de prensa y fotografía en las diversas entidades. Por lo que respecta a esta capital el primer decano de la prensa fue don Federico Barrera Fuentes y de fotografía Agustín Pérez Escamilla, conocido como el Nochi Rezpe de la Sapren. Al fallecer don Federico ocupó ese sitial de honor don Alfredo Ruiz del Río. De igual manera el Club Primera Plana ha declarado periodistas eméritos a varios colegas del interior de la República. En el Distrito Federal uno de ellos es don Carlos Estrada Lang.
Dentro de esta actividad, es digna de mención la obra editorial desarrollada por el Club Primera Plana a lo largo de su existencia. En dos etapas se han impreso 32 libros de la autoría de periodistas, aún no miembros de la organización y en el 2006 inició una tercera etapa, ahora mediante un convenio de reciprocidad con la Universidad de Colima. La primera obra impresa en este marco, bajo el título de “La Guerra Sucia del 71”, es un reportaje gigante del periodista Carlos Borbolla quien volcó allí los frutos de su trabajo como veterano reportero de policía en los periódicos La Prensa y en el desaparecido Excélsior.
Este convenio de reciprocidad obliga al Club Primera Plana a la importación de pláticas, seminarios y diplomados de periodismo dirigidos a los estudiantes de la carrera de dicha universidad, tal como los ha venido sustentando en otras instituciones de enseñanza superior y ante los asociaciones de las diversas organizaciones de periodistas en diversas partes del país.
Pero, sin duda alguna, un hecho trascendente en la vida del Club Primera Plana lo constituyó la asamblea general de marzo del 2007 en la que por abrumadora mayoría fue electa, por primera vez, una mujer como presidenta. Correspondió ese honor a la licenciada Rosaura Cruz de Gante.
México, Distrito Federal, 2007.