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Juan Manuel Rentería Estrada

Colaboraciones > Anecdotario

Juan Manuel Rentería Estrada


Un gran reportero que venció a su minusvalidez
Veintinueve años en Televisa y con Jacobo Zabludovsky
Hoy es conductor de sus propios programas en radio y TV
¿Anécdotas? Tengo muchísimas. Cómo entrevistó a Fidel Castro


Juan Manuel Rentería Estrada nació en 1944 y pasó toda una vida en el mundo de la información por TV y radio –29 años ininterrumpidos en Televisa, hasta 1998-. Es un periodista digno de admiración. Para ser reportero, decidió enfrentarse solo, con valor y fuerza de voluntad, a la vida para derribar obstáculos y hacer frente a los retos que le impusieron sus limitaciones físicas –es un hombre discapacitado, víctima de parálisis infantil desde cuando era niño, enfermedad a la que finalmente derrotó-, con el fin de estudiar, trabajar, primero como maestro de maestros (se recibió de licenciado en pedagogía y fue catedrático en la escuela normal de especialización en cursos para postgraduados) y finalmente en uno de los oficios más difíciles y peligrosos del planeta.
Dos años fue pluma de EXCÉLSIOR (2002 y 2003) y actualmente es comentarista del noticiario radiofónico que dirige Gustavo Rentería Villa (“Con Valor y con Verdad” que trasmite Radio Fórmula) y director y conductor de dos programas: "Personajes al Desnudo" (XEEST Radio Noticias) y "La Hora del Dr. Simi" (Canal 4)
Juan Manuel Rentería es un ejemplo a seguir como ser humano y periodista porque luchó –lo sigue haciendo- con terquedad para triunfar en la vida. A veces habla con arrogancia, pues nunca quiso causar lástima, palabra que desterró de su lenguaje. Pero es muy sensible y vive agradecido de todos los que le han tendido la mano en momentos en que lo necesitó. Tiene obviamente muchos amigos en el mundo político, artístico y en su gremio. Habla con legítimo orgullo de sus grandes reportaje, hazañas, para la televisión (uno en las Islas Marías cuando ese penal era un infierno, sí como de sus muchas entrevistas exclusivas (una a Fidel Castro en Cuba) Confiesa que lloró al escribir una nota sobre la muerte de 17 ó 18 niños que, un 6 de enero, fueron aplastados por un camión cuando jugaban en un parque de Xochimilco con los juguetes que les dejaron los Santos Reyes. Su sensibilidad, que oculta para no mostrar debilidad, aflora a cada instante cuando platica y recuerda a quienes le dieron amor, apoyo, amistad y lo ayudaron. En primer lugar, “mis viejos”, como les dice a sus padres Pedro Rentería Meneses -”un modesto pero muy eficiente herrero”, y Manuela Estrada de la Torre; sus hermanas mayores Mercedes y Cristina -“muy queridas, que trabajaron toda su juventud para pagar mi escuela porque estuve la primaria y secundaria en colegio particular, pues querían evitar que sufriera trastornos emocionales por mi defecto físico si iba a planteles oficiales. Su sueldo apenas les alcanzaba para pagar mis colegiaturas, no sabes como se los agradezco”. También recuerda con gran cariño a su hermano consentido, Pedro y a su otro hermano, Antonio, igualmente periodista,”mi querido compadre”, quien murió en condiciones lamentables.
No ha borrado de su memoria a quienes lo apoyaron, le dieron amor desde sus primeros años, o le tendieron la mano para que él, con su propio esfuerzo pudiera abrirse camino en la vida. Habla con amor de todos los miembros de su familia, de su esposa: Eugenia Ovando -“una mujer que ha sido mi compañera en las buenas, en las malas y en las peores, que ha sido mi amiga, mi novia, mi amante, mi esposa; que me dio tres grandes orgullos, mis hijos: María Eugenia, Juan Manuel y mi pequeña Lourdes Marlene, que es mi adoración y cursa la carrera de medicina en la Universidad Lasalle. De ahí viene mis nietos, Valeria, hija de Eugenia y del doctor Julián Juárez García, mi inolvidable yerno. Lo quise como a un hijo y él a mí como padre, e Ian, hijo de Juan Manuel, quien es ingeniero industrial”.
. Y cuenta: “Al doctor Julián Arturo Juárez García lo conocí precisamente hace cuatro años desde que me dediqué a la radio. Él me acompañó desde mi primer programa, dando consejos médicos. Él era un pediatra, inmunólogo. alergólogo y nefrólogo que con muchos esfuerzos hizo su carrera, también fue un hombre de retos.
“Se hizo novio de mi hija Eugenia cuando tenía una grave enfermedad terminal. Lo operaron, pero nada le sirvió. Finalmente muere el 15 de diciembre de 2003, después de cuatro años de convivir conmigo cada sábado. Era mi amigo, mi colaborador, mi compañero, mi yerno y posteriormente se ganó el cariño que se le tiene a un hijo. Me dejó una profunda huella de amor. Fue un ser humano que no conoció a su padre porque éste falleció un día antes de que él naciera. Cuando ya estaba en su lecho de muerte, me dijo: señor Rentería, usted ha sido como mi padre. Quiero, en esta entrevista, rendir un cariñoso homenaje de respeto, de admiración, de reconocimiento, a mi querido Julián Arturo Juárez García, quien me dejó una gran herencia: una nieta que se llama Valeria Juárez Rentería, que es mi adoración y mi nueva hija porque asumo todas las responsabilidades paternas hacia ella.
“Esta pues ha sido mi vida, una vida de retos. De aquí en adelante lo que Dios me dé es una mera propina de Dios. Yo siento que como hombre, como hijo. como padre, como periodista, ya superé varias etapas. Nunca voy a tirar la toalla. Voy a morir en la raya.
En sus recuerdos siempre están presentes asimismo los periodistas que le hicieron reportero, en primer lugar su primo Teodoro Rentería Arróyave. Después Jacobo Zabludovsky y Raúl Hernández Bautista. Menciona también con cariño y gratitud a Emilio Azcárraga Milmo “El Tigre”.
Dolor y llanto en un reportero

-¿Cuáles fueron tus noticias que más impacto te causaron? ¿Debes tener asimismo muchas anécdotas?
“¿Anécdotas? Tengo muchas. Pero te quiero recordar la más terrible que he vivido en mi vida periodística. Desde luego fue el terremoto de 1985.Yo salía a trabajar muy temprano. Lo primero que hice la mañana de ese 19 de septiembre fue ir por mis hijos a la escuela; para mí era importantísimo que no sufrieran, que no corrieran riesgos. Por fortuna no les pasó nada, las llevé a la casa e inmediatamente me fui a Televisa. Como tú sabes el edificio de Niños Héroes 27 se desplomó. En el primer piso estaban las oficinas donde se hacían los noticiarios. Al llegar me enteré de la muerte de Ernesto Villanueva Alonso, Félix Sordo y otros de mis compañeros que estaban trabajando cuando empezó el terremoto. Esa noticia fue terrible para mí. Pero tuve que irme a reportear, para hacer un control remoto. De los escombros de lo que fue La Copa de Leche en San Juan de Letrán y Uruguay sacaron 18 cadáveres. Alguien me gritó: Juan Manuel, ven a poner tu micrófono aquí, se oyen lo gritos de un niño. Me negué. No podía hacer amarillismo de una tragedia. En vez de meter el micrófono donde me decían, pedí que siguieran escarbando para rescatar al muchacho. Todo eso fue terrible para mí, ha sido una de las noticias más difíciles en mi vida profesional.
“Pero hubo otra muy importante, igualmente terrible. Un 6 de enero de mil novecientos... allá en la década de los 70, no recuerdo el año, muchos niños y niñas, 20 ó 30, fueron a jugar al parque de Xochimilco con los carritos y muñecas que les habían dejado los Reyes. De repente a un camión que iba subiendo hacia San Gregorio, si no me equivoco, se le chorrearon los frenos. Se vino cuesta abajo en reversa, terminó dentro del parque y aplastó a esos niños. Me tocó cubrir la identificación de los cadáveres en el anfiteatro de la Delegación de Xochimilco. Llegaron los padres a reconocer los cuerpecitos de sus hijos. El cuadro era impresionante, terrible. A un lado estaban lo cuerpos de esos pequeños, y al otro los juguetes también mutilados, rotos y ensangrentados, que horas antes les habían dado tanta felicidad a esos menores.
“Cubrí la nota y me fui a Televisa la hacer a grabación. Tres veces intenté escribir la nota y no pude hacerlo, me solté llorando. Era materialmente imposible para mi escribir de esa tragedia tan terrible. Pero tenía que hacerlo. Tuve que sobreponerme, vencer ese reto y grabar la información. Lo logré hasta el cuarto intento. Los televidentes no deben saber nada ni de las tristezas ni de las angustias en los momentos difíciles de un reportero. El público debe recibir la información bien dada, bien analizada, bien investigada, no debe saber que los reporteros también tenemos sentimientos.

Su entrevista a Fidel Castro


-“¿Anécdotas? Tengo muchas más”, dice y recuerda:
“Mi entrevista exclusiva con Fidel Castro en La Habana fue algo muy interesante”, recuerda Juan Manuel Rentería Estrada, que fue reportero de Televisa durante 29 años, todo el ciclo de Jacobo Zabludovsky y actualmente es conductor de un programa radiofónico y de otro para el Canal 4. Su trayectoria profesional es digna de admiración. Es un periodista minusválido, a los dos años de edad lo atacó la polio. Y triunfó en la vida y su carrera.
“En 1995 fui con María de los Ángeles Moreno y Gustavo Carbajal a la reunión de la COPPAL en La Habana. Tú lo sabes, después de trabajar, de la chamba, de cubrir la nota, nos fuimos al trago, algo muy de reporteros. Pasaron las horas... A la mañana siguiente algunos nos quedamos dormidos y se nos fue el avión para trasladarnos a otro lugar donde estaría el presidente Fidel Castro.
“Por fortuna, mis camarógrafos despertaron a tiempo y salieron en ese vuelo. Yo me quedé dormido. Y tú sabes, fue algo terrible. Imagínate mi preocupación. Pero pensé: menos mal que voy a tener imagen y sonido. Al regresar los camarógrafos me informaron: Habló Fidel y estuvo tan condescendiente que hasta nos tomamos una fotografía con él. Tú sabes lo terrible que es para un reportero perder la noticia. Pero ese mismo día los del PRI nos dijeron: señores, mañana temprano salé otro avión hacia México. Los que quieran, pueden regresar. Mañana hay otra reunión en la embajada de México. Está invitado Fidel, pero no creemos que asista porque hoy estuvo con nosotros.
“No lo pensé dos veces. Les dije a los camarógrafos: saben qué... a pesar de que tenemos imagen y sonido del discurso de Fidel, nos quedamos. Fidel puede llegar a la embajada mexicana. No me equivoqué. Llegó en una comitiva de tres automóviles Mercedes Benz negros, todos iguales. Tú no sabías en cuál de los tres iba Fidel.
“Cuando el presidente de Cuba entró a la embajada, le di mi cámara fotográfica a uno de los camarógrafos y le pedí: Me tomas una foto cuando Fidel levante el brazo porque voy a meter la cabeza para salir a su lado, porque esto es historia. Y sí, independientemente de que estés o no de acuerdo con la política de Fidel Castro en Cuba, es un hombre que para bien o para mal ya es parte de la historia universal. Y así fue, cuando Fidel levantó el brazo me coloqué atrás de él. Te impacta estar a su lado, ver su barba rojiza, su uniforme verde olivo perfectamente almidonado, escuchar su voz con esa seguridad al hablar, sus conceptos tan bien hechos. Si te descuidas, sus palabras te convencen,
“Llegó un momento en que su jefe de seguridad me vio atrás de él y me preguntó: ¿usted qué hace ahí? Yo, bastante preocupado, me disculpe y expliqué: es que donde yo estaba no se oye la voz del Presidente. Y que me contesta: usted no debe estar aquí, debe estar junto al señor Presidente. Y me colocó al lado del comandante Fidel Castro. Seguramente pensó que yo era senador o diputado.
“Yo llevaba en la bolsa un micrófono de las cámaras de Televisa. En un momento dado, saqué el micrófono y le dije a Fidel: señor Presidente, me permite una entrevista para los noticiarios de Televisa. Y me contesta: oye chico, yo te estoy apapachando porque creí que eras de la comitiva y tú me sales con un bombazo. Pero adelante, por tu astucia te voy a dar la entrevista.
“Le hice siete preguntas. Después de contestarme las siete, Fidel me reclamó: oye chico, tú m dijiste que era una sola pregunta. Sí señor, le contesté, una sola pregunta, pero dividida en siete partes. Ah, hasta chistosito me sale el hombre, replicó... Chistosito o no, la entrevista le dio la vuelta al mundo. Pasó en los noticieros de Televisa, en el sistema informativo ECO, en la radio, en los teletipos. En esa entrevista, Fidel por supuesto habló en contra del embargo norteamericano, de las presiones yanquis en contra de Cuba. Pero curiosamente también habló de las espléndidas relaciones de Cuba con México, relaciones que por desgracia el régimen foxista ha destrozado. Yo creo que una de las relaciones diplomáticas más dignas que tenía México en el ámbito mundial, era con Cuba. Y el señor Fox, primero con el señor Jorge Castañeda y ahora con Luis Ernesto Derbez, se encargó de tirar a la basura un orgullo diplomático que México había conservado basado en la Doctrina Estrada: la relación diplomática con Cuba, Y ahora que habló del señor Jorge Castañeda, dicen que anda en busca de apoyo político para sus voraces apetitos de llegar a la Presidencia de la República. Yo le aconsejo al señor Castañeda que busqué el respaldo de los partidos Demócrata y Republicano de los Estados Unidos. Son los únicos que podrían postularlo como candidato pro yanqui.
La tenacidad de un reportero, entrevista a Somoza
“¿Otra anécdota? La entrevista con Anastasio Somoza Debayle (Tachito), el dictador de Nicaragua. Los problemas que había en ese país centroamericano en 1979 eran noticias importantes. Yo tuve la guardia en la jefatura de información de los noticiarios de Televisa, todos los sábados durante 29 años. Me la había encomendado mi gran amigo Raúl Hernández Bautista, quien siempre me adjudicaba a los aprendices de periodismo para que yo los llevara conmigo a trabajar mis notas, para enseñarlos. Yo era subjefe de información, pero también salía a reportear. Esta fue la única condición que le puse al señor Jacobo Zabludovsky para aceptar el puesto: que como subjefe de información me permitiera salir a reportear.
“Un sábado de 1979, la situación en Nicaragua era muy difícil, en realidad estaba a punto de caer Anastasio Somoza Debayle, y unos meses después fue asesinado.
“Raúl Hernández me envió a un reportero novato: Jorge Leija, quien ese sábado llegó a la redacción a las ocho de la mañana cuando yo estaba redactando las órdenes de trabajo para los reporteros de Televisa. Estaba pues ocupadísimo pero Jorge Leija estaba materialmente encima de mí, no junto a mí sino encima de mí, acosándome: ¿Qué hago, señor Rentería? Para quitármelo de encima yo le entregaba boletines del día anterior y le ordenaba: escriba una nota. Se iba, regresaba, corregía su texto, volvía a escribirla y nuevamente regresaba para la segunda corrección. Pero llegó el momento en que ya no había boletines del día anterior, ni en el bote de la basura. Y ahí seguía Leija. Ya me tenía desesperado. Dieron las diez y media de la mañana y no podía quitármelo de encima, tenía una tenacidad que ahora entiendo. Pero imagínate ser jefe de información en sábado, día en que hay pocas noticias, y yo sin poder terminar las órdenes de información porque Leija estaba encima de mí.
“Llegó un momento en que para quitármelo de encima, le dije: Le voy a encargar un trabajo muy especial. Vaya usted, a la cabina de audio, comuníquese con Anastasio Somoza, el presidente de Nicaragua, y entrevístelo. Y no regresé aquí hasta que lo haya logrado.
“Dieron las tres de la tarde. Salí a comer, al cantinazo como siempre, con mis compañeros reporteros, a los que extraño porque siempre me dieron la mano. Y hablo no sólo de los de Televisa sino de los de TV Azteca, EXCÉLSIOR, Novedades, El Heraldo de México, El Sol de México. Siempre hubo una mano amiga que me ayudó a subir o bajar de un autobús o a subir una escalera. Mi reconocimiento pues para mis compañeros y amigos reporteros, camarógrafos y fotógrafos de todos los medios.
”Regresé a la redacción, hice una lista del material informativo que teníamos. Y como a las siete de la noche, cuando ya estaba casi listo para entregar la guardia, mi turno terminaba a las 20 horas, veo subir a Jorge Leija y me dice: Señor, ya estuvo. ¿Estuvo qué, Leija? Y él repíte: Ya está. ¿Ya está qué, Leija? Ya ni me acordaba de la orden que le había dado. Lo que usted me encargó, vuelve a decirme. ¿Qué le encargué? Lo de Somoza. Me le quedé viendo y le espeté: No me esté vacilando porque lo corro. Señor Rentería, ya está, replicó. A ver, volví a decirle, vamos a hablar con calma. Siéntese ¿Qué está? Ya entrevisté a Anastasio Somoza. ¿Qué?, casi le grité. Qué ya entrevisté a Anastasio Somoza. Leija, no me esté vacilando, volví a decirle. Todavía no le creía. Y me informa: señor, vamos a la cabina de audio, allí está la grabación.
“Y efectivamente, Leija había entrevistado a Somoza. Fue una entrevista exclusiva de 17 minutos, unos días o meses antes de que lo asesinaran. Fíjate hasta donde llega la necedad o tenacidad, como tú quieras llamarle, de un buen reportero. A las ocho de la noche llegó Virginia Lemaitre para hacer su noticiero de las once de la noche. Le informé: tienes una entrevista mundial exclusiva con Anastasio Somoza. La entrevista se llevó doce o trece minutos en el noticiero, y al ratito todos los teletipos transmitían las declaraciones de Somoza, dándonos crédito: Noticieros Televisa, reportero Jorge Leija
“Fue algo de veras de anécdota. El lunes siguiente me llamó el señor Zabludvsky y me dice: Juan Manuel, que entrevistaron a Anastasio Somoza. Sí señor, le informé, lo entrevistó Jorge Leija... pero yo se lo ordené”.
Juan Manuel ríe a carcajadas... “Bueno”, explica, “finalmente yo efectivamente se la ordené para quitármelo de encima”. Y vuelve a carcajearse.
¿Y qué fue de Jorge Leija?
“Ya no supe más de él. Estuvo con nosotros tal vez año y medio y desapareció. Era un buen prospecto como reportero, lástima que no siguió este camino... Pero con otro jefe energúmeno como yo, Jorge Leija hubiera entrevistado a Juan Pablo II”. Nuevamente ríe con ganas.

En las Islas Marías lo cuidó un asesino

Juan Manuel recuerda también su gran “aventura” en las Islas Marías, en los tiempos en que éstas eran una cárcel de alta seguridad, calificada entonces como un verdadero infierno para los delincuentes.
“Fue un reportaje que logré hacer cuando era Subsecretario de Gobernación Dionisio Pérez Jácome. Recuerda que sólo con autorización de esa dependencia se podía ir a ese penal. Salí hacia las islas en un avión de seguridad nacional. Me acompañaron dos camarógrafos.
“Ya en el aire, el piloto me preguntó: ¿Cuándo quiere que regresemos por usted? Cómo que cuándo, protesté. Sí, me explicó, no hay otra manera de salir de las islas, solamente en este avión. ¿Cuánto tiempo tardará en hacer su reportaje? Le contesté: No, no quiero estar allí mucho tiempo con tanto criminal. Venga mañana por mí. Pero él me sugirió: Sabe qué, señor Rentería, yo le aconsejó que esté allí cuando menos una semana. No se preocupé, lo van a cuidar. Como no había vuelta de hoja, le pedí: Bueno, regrese en una semana.
“Me quedé pues una semana en las Islas Marías, con mis camarógrafos Adrián Rivera y Russel Vaqueiro. Ese mismo día empecé a hacer mis reportajes, pero a la mañana siguiente, afuera de la cabaña donde yo dormía, amaneció muerto uno de los internos. Lo apuñalaron en el cuello. El director me dijo: Lo que no ocurrió en cuatro años, sucedió el día que llegaron las cámaras de Televisa.
“Es curioso, fíjate: este hombre fue asesinado por otro reo que estaba a punto de cumplir su condena por el delito de homicidio y recuperar su libertad. Su víctima le debía veinte pesos y como no se los pagó, se enojó y lo mató, solamente para seguir preso en las islas por quién sabe cuantos años más.
“Ya te imaginarás el pavor que sentí por ese asesinato en la puertas de dónde yo dormía. Le confesé al director: Estoy muy nervioso, pienso que me puede pasar algo, ayúdeme. Y el director ordenó a otro asesino que me cuidara. Era un hombre a quien le decían El Huama, estaba acusado de cometer catorce homicidios y tenía sentencias por más de cien años de cárcel. Obviamente era un tipo al que todo el mundo le tenía pavor. Ése fue mi escolta.
“Pero cuando salí de la Islas Marías siete días después, cuando conocí a los internos, cómo cantan, declaman, ríen o comentan sus penas, cómo lloran, cuándo me di cuenta cómo conviven con sus hijos hasta de doce años de edad y con sus esposas, cómo trabajan en diferentes oficios, cuándo conocí la gran calidad humana que esos hombres tienen a pesar de todo, subí al avión llorando. Los presos fueron a despedirme y también lloraban. Esta es una de las más gratas sensaciones que tengo, descubrí cómo en un momento dado la maldad se convierte en calidad humana”.

(*) Excélsior. 26 y 27 de febrero de 2004


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